Reducir la generación de basura y apostar por el reciclado de plástico son dos de los principios de este movimiento que tiene cada vez un mayor calado social.
Evitar al máximo posible la generación de residuos. Este es el principio fundamental del movimiento Zero Waste (Cero Residuos, en castellano), que construye a partir de él distintos consejos y recomendaciones que cualquier ciudadano puede poner en práctica en su estilo de vida para reducir la producción de basura y, con ello, contribuir a la mejora del medioambiente. La apuesta por el uso del plástico reciclado y el incremento de su vida útil en la economía son dos de las iniciativas que propone, poniendo un foco especial en su utilización en el sector de la alimentación.
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Aplicar el Zero Waste en la rutina diaria
El movimiento Zero Waste nació a mediados de la década de los noventa cuando distintos municipios de Estados Unidos impulsaron medidas en paralelo para reducir la generación de residuos. El caso más paradigmático fue el de San Francisco, que llegó a aprobar una ley para reducir la cantidad de basura generada. La ciudad tiene previsto llegar al compromiso de residuos cero en el año 2030, tras haber logrado doblar su tasa de reciclaje de productos a lo largo de las dos últimas décadas.
El plástico es clave para reducir la producción de basura y, con ello, alcanzar el objetivo de cero residuos
Gracias a esa experiencia acumulada, se han podido desarrollar algunas iniciativas clave dentro de este movimiento que es posible aplicar en nuestra vida diaria, como:
Repensar la forma de comprar, apostando, por ejemplo, por productos que no utilicen plásticos de un solo uso o que utilicen materiales como el PET reciclado. En este sentido, también cabe hablar de fomentar el comercio de proximidad para evitar un excesivo uso de bolsas de plástico.
Utilizar envases reutilizables o, directamente, favorecer la compra de productos a granel. De este modo, se evitará que las compañías tengan que fabricar envoltorios para comercializar sus bienes, reduciendo la generación de residuos.
Implementar una filosofía del ‘Do it yourself’ (hazlo tú mismo), lo que significa desde cultivar productos de huerta siempre que resulte posible a fabricar en casa jabón o desodorante para reducir el consumo en las tiendas de estos bienes.
Fomentar la creatividad en la reutilización de los residuos. Por ejemplo, algunos envases de alimentos pueden servir para guardar cosas en casa o, incluso, para hacer manualidades con las que fabricar juguetes para los más pequeños.
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El reciclaje por encima de todo
El movimiento Zero Waste tiene como una de sus premisas fundamentales la apuesta por el reciclaje, en especial, en el caso del plástico, debido a su amplia utilización por parte de distintas industrias y sectores. En la actualidad, el tipo de plástico que más se usa es el PET, cuyo principal componente es el tereftalato de polietileno o politereftalato de etileno. Este material tiene importantes ventajas, como:
- Una gran flexibilidad y ligereza.
- Es fácilmente limpiable.
- Gran resistencia ante la abrasión.
- La resistencia química y térmica que soporta.
- Permite conservar los alimentos de manera hermética, evitando que agentes externos puedan perjudicar su sabor o estropearlos.
- Su transparencia, lo que permite al consumidor ver lo que albergan los envases en su interior.
La importancia del PET se produce principalmente como consecuencia de la innovación que realizan compañías como REPETCO, que ha sido capaz de desarrollar un sistema patentado propio, respetuoso con la naturaleza, a través de envases de PET/PE multicapa alimentarios. Por medio de un proceso único, se generan rPET pellets y rPET que pueden ser utilizados de nuevo en la industria alimentaria con bandejas y envases de láminas multicapa de PET/PE; en botellas para refrescos o detergentes; y en fibras para la industria textil y del automóvil.
El PET es el tipo de plástico más utilizado por sus propiedades únicas y las ventajas que aporta a los consumidores
De cara a los próximos años y bajo el desafío de conseguir generar cero residuos, será preciso incrementar el porcentaje de PET reciclado que se incluye en los productos que se comercializan. En el caso de las bandejas que se utilizan en alimentación, el promedio es que alrededor de un 55% de sus componentes sea plástico reciclado, lo que significa que si se incrementa este porcentaje aumentará también su circularidad.
Para conseguirlo, es necesario apostar por la innovación en una doble vía: por un lado, mejorar la recogida de este tipo de productos que acaba en contenedores y vertederos para su clasificación y posterior reutilización en las plantas de reciclaje; por el otro, lograr que la vida útil de estos productos sea mayor gracias a un incremento en el número de reutilizaciones que pueden tener, de manera que se minimice lo máximo posible el impacto negativo del plástico en el medioambiente.
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